Una carrera de aprendizaje, crecimiento y espíritu de equipo

Una carrera de aprendizaje, crecimiento y espíritu de equipo

David Sautret (Skipper, francés, 50 años) y Lorraine O’Hanlon (First Mate, irlandesa, 38 años) guían nuestro barco y su tripulación en una nueva aventura alrededor del mundo con Clipper Race, acumulando experiencias y crecimiento para todo el equipo. Los invitamos a conocerlos más de cerca en esta entrevista exclusiva con nuestra revista

Santiago Core / María Inés Machiñena

Fotos: Clipper Race / Ricardo Figueredo

Forman parte del selecto grupo de personas que han dado la vuelta al mundo navegando. ¿Cómo los cambió esa experiencia a nivel personal?

Lorraine: Para mí fue un cambio de vida total. Cuando hice la regata el año pasado, en realidad trabajaba como osteópata (esa es mi profesión), y me lancé a la Clipper Race. Al vivirla, vi todas las oportunidades, el crecimiento personal que genera en personas comunes y corrientes… y sentí que quería ser parte de eso. Como me cambió tanto la vida, quise de alguna forma devolverle algo a la Clipper Race. Por eso decidí volver a participar, y ojalá lo esté logrando con el equipo que tenemos a bordo. Sus vidas también están cambiando.

David, tú eres el skipper. ¿Qué significa para ti esta experiencia?

Es un gran privilegio, un sueño hecho realidad. El mayor sueño de mi vida era circunnavegar el mundo.

¿Es tu primera vuelta al mundo?

Sí, absolutamente. Y estoy muy agradecido de ser el capitán de uno de estos barcos.

Lorraine, ¿comenzaste tu camino en el mar en la Armada Irlandesa?

En realidad fue antes. Fui instructora de actividades al aire libre: enseñaba vela, kayak y escalada. Después entré a la Armada, y luego me dediqué a la osteopatía… pero el mar me llamó de vuelta, así que aquí estoy otra vez. Un giro de 360 grados.

David, ¿te dedicabas a otra cosa antes de navegar?

Sí. Es una historia larga, pero empecé mi carrera como ingeniero en el mundo industrial. Desde los 15 años soñaba con navegar, aunque vivía bastante lejos del mar. Cuando finalmente tuve la oportunidad, también conocí a navegantes profesionales franceses. Fue una gran oportunidad unirme a su equipo y competir. En Francia lo llamamos el “Tour Voile”, una regata por la costa francesa. Pero mi alma está en la navegación oceánica. Eso es lo que más disfruto.

Lorraine, hiciste toda la regata antes. ¿Cómo describirías tu rol ideal ahora como segunda al mando?

Para mí se trata de apoyar a David en todo lo que necesite para que el barco funcione eficientemente. Y también estar para la tripulación. Soy como un puente entre ambos: los tripulantes pueden acudir a mí para aliviarle la carga a David. Tenemos un sistema de tres guardias: una descansa, otra está en cubierta y la tercera hace tareas bajo cubierta (cocina, limpieza, mantenimiento). Mi trabajo es ayudarlos allí, y si se necesita gente en cubierta, traerlos arriba. Desde el inicio, ese fue mi objetivo.

¿Cuántas personas por grupo?

Ahora tenemos seis por guardia, aunque va a cambiar en la próxima etapa. Seremos 17. Entonces serán seis en cubierta y tres abajo con tareas específicas. Personalmente, me gusta el sistema de tres guardias porque no te pasás todo el día en la cocina. Solo cocinás una vez cada tres días. ¡Y estar en cubierta es lo mejor!

David, ¿qué desafíos personales estás enfrentando en esta regata? ¿Qué buscás para ti?

Cuando empecé a prepararme, busqué todos los consejos posibles. El mejor que recibí fue: cuidá a tu tripulación. Lo viví durante esta etapa, y realmente creo que es la clave para una campaña exitosa: hacer que el equipo esté feliz, que crezca y se convierta en mejores navegantes que cuando comenzaron. Ese es uno de los pilares de esta regata.

Tuvieron un accidente viniendo desde España. ¿Qué pasó?

Sí, hay zonas del barco más peligrosas, como la proa, donde hay mucho movimiento, especialmente con mar agitado. Durante un cambio de vela de noche, un tripulante estaba sosteniendo una bolsa de velas, arrodillado, con buena posición. Pero golpeamos una ola muy fuerte, y su frente impactó contra la cubierta. No perdió el conocimiento, pero quedó aturdido, como “en otro planeta” por dos días. Recordaba todo, pero no estaba normal. Por eso y otros signos (presión, etc.), decidimos evacuarlo lo antes posible. Fuimos hasta la isla Fernando de Noronha, en Brasil. Hasta ese momento, íbamos entre los tres primeros: con London Business School y Gosh.

La vida a bordo requiere adaptabilidad y espíritu de equipo. ¿Tienen estrategias para mantener alta la moral durante etapas largas?

Lorraine: Hay que saber leer al equipo. Entender los altibajos, cuándo empujar y cuándo no. A veces hay que frenar, aunque no quieras. Y cuando hay buen ánimo, aprovecharlo al máximo.

También tenemos bolsitas de snacks para cada guardia. Si vemos que baja la energía, subimos la bolsita… ¡y ayuda! También hacemos tortas. Parece mentira lo motivadora que es la comida. (Ríe)

David, ¿han tenido conflictos a bordo? Con el cansancio, el frío, el hambre…

Como capitán, uno debe dar el ejemplo, aunque no es fácil. Pero si lográs mantener la calma, todos tienden a seguir esa actitud. Y sorprendentemente, no tuvimos casi ningún problema. Aunque hay personalidades distintas, todos hicieron un esfuerzo. No hubo gritos ni discusiones. Fue asombroso.

Lorraine, estuviste aquí en la edición pasada. ¿Qué recordás de tu estadía?

Principalmente, la gente. Especialmente los del Club. Fueron amables, atentos, hicieron que todo fuera muy especial. El recibimiento fue increíble, incluso el año pasado, cuando yo estaba en otro barco. Fue una de mis escalas favoritas y estaba muy emocionada por volver.

¿Cómo manejan la estrategia de la regata? ¿Se reúnen antes de comunicarla al equipo?

Lorraine: Sí. Por ejemplo, cuando entrábamos en la zona de calmas ecuatoriales, teníamos varias rutas posibles. Las analizamos, simulamos diferentes opciones, pero no lográbamos decidir. Entonces fuimos a la tripulación y les mostramos los escenarios. Todos opinaron, y una vez elegido el camino, todos se comprometieron. Fue positivo, porque todos lo tomaron como “su” decisión. Además, muchos quieren aprender de estrategia. Tenemos una computadora con el clima en tiempo real, todos pueden verla, analizar rutas, participar. Eso los mantiene involucrados. Es su regata.

¿Qué esperan para las próximas etapas? ¿Cuál creen que será la más difícil?

Lorraine: La más exigente físicamente será el Océano Austral, por el uso intensivo de spinnakers, el surf sobre grandes olas… Muchos nunca vivieron eso. Hay que enseñarles a hacerlo con seguridad y eficacia. Pero mentalmente, creo que la etapa 7 (de Seattle a Panamá) es la más dura: vientos livianos, calor extremo, metas móviles según el clima. Es una etapa muy táctica. El calor te agota, la lentitud desespera… y si no aprovechás cada ráfaga, perdés terreno. Es una etapa clave.

David: Tuvimos un buen comienzo: cuartos en la primera etapa, muy cerca del podio. En esta también empezamos bien, entre los primeros cuatro. Pero esta etapa nos dio otra perspectiva: atravesar momentos difíciles. Eso fortaleció la memoria del equipo y el espíritu de grupo. Aunque terminamos últimos, creo que nos hizo más fuertes. Podemos llegar lejos y afrontar situaciones duras. Y además me abrió la mente: esto no es solo una regata. Es una aventura humana. Como dijo Lorraine, es la regata del equipo. Nosotros estamos para guiarlos y ayudarlos a cumplir sus sueños y lograr algo extraordinario.

¿Qué quieren inspirar en su tripulación?

Lorraine: Que superen sus propios límites. Que si pensaban “no puedo ir a proa” o “no soy timonel”, descubran que sí pueden. Ya lo estamos viendo: algunas chicas que ni veían por encima del timón están navegando con spinnaker como expertas. Una me dijo: “no soy fuerte”. Y le contesté: “no tenés que ser fuerte, tenés que ser rápida”. Les enseñamos a sentir el barco, no solo a verlo. Y eso cambia todo. Si cada uno supera una sola cosa que creía imposible, eso ya es un éxito.

David, ¿cuál es tu sueño?

Seguir navegando, ojalá en barcos de regata. Me gustaría estar a cargo de una embarcación más grande, hacer travesías oceánicas y seguir compitiendo, en Europa o donde sea. Ese es mi sueño.

Estamos muy felices de representar al Yacht Club Punta del Este y agradecidos por el recibimiento. Desde que nos confirmaron como su equipo, sentimos el calor del Club y de la ciudad. Incluso vino Nano Antía a darnos consejos, y nos entregó el gallardete del Club. Fue un gesto muy simbólico y hermoso. Llevar su espíritu a bordo nos emociona.

Estoy orgulloso de formar parte del YCPE. Para mí, esta ciudad es icónica en la historia del Whitbread. Como navegante, es un honor estar aquí… y más aún, representando a este Club.